Queridos conciudadanos de Babel, concluye el verano y la gran mayoría de afortunados volvemos reptando tras haber sobrevivido, no sin dificultades, al mismo y casi añorando los madrugones y ese extraño brebaje que expide la máquina de la oficina al módico precio de un euro y que algún inconsciente, en un arrebatador ataque de optimismo, lo ha catalogado como café. Retorna uno de su desventura estival más necesitado de un quiromasajista que de una charla sobre el estrés post vacacional. Porque para burnout , lo de la agenda infinita en los días de asueto. Eso sí es sociedad del cansancio y no fichar a las siete de la mañana. La primera víctima de semejante distopía veraniega ha sido mi tablet , sobre la que he tenido que vaciar un extintor de CO 2 tras ser pasto de las llamas, previa declaración de rebeldía del aparato, al saltar simultáneamente las tres novelas negras escandinavas , las dos históricas, un ensayo sobre Calvino , el curso online de cocina peruana, el co...