Esa es otra historia, Episodio 2x03: MITO Y MUERTE DE FEDERICO GARCIA LORCA, por José Andrés García Duarte

 


En 2026 se han cumplido 90 años del inicio de la Guerra Civil. Conflicto que para ciertos sectores parece no haber acabado y del que se sigue utilizando diversos hechos y personajes elevándolos a la categoría de mito.

Entre los personajes destaca Federico García Lorca , cuya figura ha sido construida mediante una combinación de genio literario e idealización biográfica.

A nadie se le escapa que la historiografía sobre Federico ha estado condicionada y politizada a través del apasionamiento hagiográfico, sobre todo desde posiciones de la izquierda. De esta manera, se ha buscado presentar al personaje como un militante activo de la izquierda, perseguido por una sociedad reaccionaria y asesinado por ello.

Federico no militó nunca en ningún partido político y sus amistades abarcaban todo el espectro ideológico, desde la izquierda hasta la falange. Esto se observa muy bien en el grupo de teatro la “Barraca” dirigido por el poeta e integrado por por izquierdistas como Martínez Simarro, o Eduardo Ugarte,   y falangistas como Modesto Higueras, Eduardo Rodenas,  o Alfonso Ponce de León.

Su figura, y sobre todo su muerte ha sido utilizada por la izquierda como parte de la batalla cultural mantenida a lo largo de décadas para sostener una visión de la Guerra Civil acorde a los intereses de la misma.

Intereses que pasan por atribuir la responsabilidad de su muerte a una decisión premeditada de los altos responsables del bando sublevado, así como establecer la idea-fuerza sobre que el bando rebelde “asesinaba la cultura y el conocimiento”, obviando por otro lado el asesinato de representantes de la cultura por los frentepopulistas como Pedro Muñoz Seca, José María Hinojosa, Ramiro de Maeztu o Victor Pradera entre otros.

Para ese objetivo todo es válido:acusaciones sin fundamento probatorio, medias verdades (como el informe de la policía de Granada de 1965 a petición de una escritora francesa, del que se ha hecho una lectura parcial y querido establecer la responsabilidad del régimen franquista cuando este no existía en agosto del 36), tergiversaciones varias (como el acta notarial de 21 de abril de 1936 se trata sólo de unos poderes para poder presentar a los otorgantes- a José Antonio entre otros- como candidatos electorales y gestionar sus candidaturas ante la repetición de las elecciones en Granada y Cuenca y no para nombrar a Ruíz Alonso jefe de falange en Granada).

En este sentido se ha intentado meter en la ecuación, desde el general Queipo de Llano, que se encontraba en Sevilla, y la supuesta frase sobre la muerte de Federico “café, dale mucho café”, que difícilmente podría haberla dicho al estar las comunicaciones entre Sevilla y Granada cortadas; hasta el mismo general Franco quien se dirigía ese 16 de agosto (día de detención de Federico) hacia Burgos y ni siquiera  era todavía el líder efectivo de los rebeldes. O el intento de hacer pasar por un falangista de toda la vida  a Ramón Ruíz Alonso quien había sido diputado de la CEDA por Acción Popular.

Sobre la muerte del poeta todavía quedan ciertos interrogantes  pero en los últimos años han surgido otras causas sobre su muerte.

Siguiendo esa dirección, si elevamos la vista por encima del árbol, podremos ver el bosque y comprobar que en su muerte hubo otros condicionamientos. En febrero de 1936, tras unas elecciones fraudulentas, se acabó la república del 31 y empezó la república del 36 del Frente Popular.

La inestabilidad política y social, lejos de disminuir se agravaba por semanas: censura del gobierno contra la oposición, incendios de edificios religiosos, pistolerismo en las calles, desfiles amenazantes de milicias obreristas y un ambiente prerrevolucionario que se sumaba a la preparación de una sublevación militar.

Durante ese primer semestre del 36, Federico, protegido del socialista Fernando de los Rios, se convirtió en blanco de una creciente crítica por parte de la izquierda revolucionaria, quien lo veía como un “ señorito andaluz” y criticaba su obra tachándola de esteticista, burguesa y no comprometida con la lucha de clases. Ademas de ilustraciones publicadas de forma satírica posiblemente sobre su orientación sexual.

Federico decide salir de Madrid a mediados de julio y la sublevación le sorprende en su tierra Granada, la cual quedará de parte de los sublevados.

La guerra pondrá encima de la mesa las rencillas económicas y de poder, y los odios cruzados y latentes entre familias de la burguesía acomodada agraria granadina y con parentesco entre ellas: los García Lorca más liberales y republicanos, los Roldán (primos del poeta y simpatizantes de Acción Popular, partido integrado en la CEDA), y los Alba (también cercanos a Acción Popular).

Odios agravados por la cercanía de Federico y su padre con personajes de la izquierda como Fernando de los Rios, o su yerno el alcalde socialista de Granada.

La “Casa de Bernarda Alba”, última obra del poeta escrita unos meses antes, y donde se exponían las intimidades de la familia Roldan, aumentó la hostilidad sobre Federico.

El 9 de agosto, sus primos los Roldan, lo amedrentaron en su propia casa, lo que le llevó a refugiarse en el domicilio de Luís Rosales, poeta falangista y amigo de Federico para su seguridad.

El 16 de agosto, allí se presentó Ramón Ruíz Alonso (antiguo diputado de la CEDA), Juan Trescastro (también de Acción Popular) y Federico Martín Lagos (falangista de última hora y arribista) a instancias del teniente coronel de la guardia civil Nicolas Simarro, para detener al poeta.

A pesar de los esfuerzos  de la falange joseantoniana (José Rosales, Cecilio Cirre, o José Díaz Plá) para salvarlo, la  mayor influencia de la derecha caciquil cedista y de los nuevos arribistas azules se impuso.

Federico fue fusilado  esa misma noche según una de las versiones, y las mas plausible, por un pelotón de seis personas (tres guardias de asalto, dos policías, y un guardia civil).

La muerte de Federico fue gestada en Granada y no en Burgos, y representa lo que fue la tragedia de la Guerra Civil en uno y otro bando, sobre todo en los primeros meses del conflicto donde se aprovechó cualquier causa, cualquier circunstancia, para deshacerse de vecinos, amigos o familiares incómodos o simplemente para saldar viejas deudas.

por

José Andrés García Duarte




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