Nace un podcast . Al principio, fue un programa de radio. De aquéllo, han pasado 34 años. Yo quería (y quiero) hablar de cine –sobre todo de cine–, de series, de libros, de teatro, de música…. De todo lo que oliera y sonara a Cultura. Quería y quiero que veáis muchas películas (sobre todo en los cines, mientras permanezcan abiertos), que leáis muchos libros (a ser posible en papel), que escuchéis mucha música, que disfrutéis series de calidad , que vayáis al teatro, y me encantaría que vosotros mismos quisiérais tener vuestras propias creaciones en todos esos terrenos. Ahora, ya en pleno 2026, nace este podcast al que hemos bautizado como “ Culturiza como puedas ” porque quiero que quede patente su vocación cultural pero también que va a tener un tono accesible, cercano, desenfadado. Cultura de andar por casa . Cultura en zapatillas . El podcast va a estar radicado inicialmente en la plataforma iVoox y a partir...
Qué duro es asumir que a lo que a uno le parece una patochada en toda regla esté considerado una obra maestra. Me hago viejo, sin duda, al evidenciar que mis gustos son demasiado rancios e incapaces de apreciar los milagros tarantinianos. Hace no demasiado tiempo, en un acto de laceración inneceario, intenté volver a visitar Pulp Fiction y aguanté tan solo un cuarto de hora. Tuve suficiente con la conversación en la cafetería de la pareja hablando de innovar atracando dichos establecimientos, la de los dos matones vestidos de negro departiendo sobre masajes en los pies y la escenita tiroteando a unos jovenes en un apartamento previo diálogo sobre hamburguesas, y el plano mantenido a Bruce en la conversación con un gánster negro. Que a tales dislates se les consideren magníficos diálogos me exaspera. Uno tiene la sensación de un pastiche hueco y vacío de imposible digestión. Esos primeros quince minutos son suficientes para darse cuenta de la calidad del guionista y los diálogos que firma. Una suerte de pasquín estúpido que se repite en tres bloques en tan breve periodo de tiempo. Nada aporta a la obra ni al dibujo de personajes, sobrevolando la sensación de vacuidad. Los tres metidos con calzador y utilizando a los personajes para directamente soltar un cúmulo de sandeces. Una detrás de otra, sin solución de continuidad. No hay inteligencia, ni lógica, ni gracia, tan solo un infantil tono discursivo hueco, en el que se desarrollan temas triviales y frívolos, de extremada puerilidad. La memeces propia de un friki que en su amor por lo pulp, cómic de poca monta, películas de la peor estofa serie C vinculadas a las artes marciales, al western más esperpéntico preñado de estereotipos que frisan en lo grotesco, seriales televisivos dirigidos a infantes y adolescentes lentos; toda una subcultura fantics que me importa un auténtico bledo. Me exaspera. El éxito de Tarantino es la prueba palmaria de una sociedad que involuciona. Nadie discute que pueda tener su público, pero de ahí a que sesudos críticos de cine lo aplaudan y de qué manera, me resulta asombroso. O tal vez no.
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