Un ático en Babel, Episodio 1x04/ "PERSIGUIENDO A AMY"
Finales de los noventa. Un chaval entrado en la veintena se apostaba, algo ansioso, delante de la escalera del aula de cultura de una extinta entidad financiera de esas que todavía estaban obligadas por ley a invertir parte de sus beneficios en actividades culturales.
El muchacho se disponía a
dejarse sorprender por la oferta semanal que los esforzados y bienintencionados
miembros del cineclub de su pequeña y, a ratos gris, capital comarcal servían a
una grey hambrienta de séptimo arte.
Aquellos poco más de cien
minutos dejaron una honda impresión en el joven Daniel que, para más inri, daba
sus primeros pasos en el proceloso mercado laboral español poniéndose detrás
del mostrador de la madre de todos los videoclubs que jamás se habían visto en
la Ciudad del Sol: Intercast Video; una suerte de descarado trasunto hortera y
españolizado de Blockbuster, el gigante americano del alquiler de películas a
domicilio. Vamos, el sueño dorado de un cinéfilo empedernido como él. Un lugar
donde engullir toneladas de VHS y DVD gratis y discutir y recomendar los
estrenos con el público más variopinto. El ambiente ideal para plasmar sus
alocadas ideas fílmicas en varios guiones con aroma a amateur. Y todo ello por
el módico sueldo de 100.000 pesetas al mes; 600 euros al cambio que, os lo
aseguro, daban mucho más de sí que las actuales nóminas mileuristas.
Pero no nos desviemos de
la escena inicial. Un chaval se apresta a visionar “Persiguiendo a Amy”, el
tercer largometraje de Kevin Smith. Un tipo del que no había escuchado nada
hasta ese momento. En el posterior café-tertulia descubrirá que se trata de un
nuevo enfant terrible del cine
independiente americano. Un tío de New Jersey aficionado a los comics y al
hockey que ha sorprendido con su ópera prima, “Clerks”, en indiscutibles
templos del celuloide como Cannes y Sundance. Una peli hecha con cuatro duros
que, como sucediera con “Reservoir Dogs” o “El mariachi”, sólo puede ver la luz,
le pese a quien le pese, en un país como Estados Unidos, mientras en la vieja y
decadente Europa todo son subvenciones, amiguismos y convenientes
posicionamientos políticos imprescindibles para que te den la oportunidad de
rodar algo y donde la taquilla importa un rábano, que para eso ya están los
impuestos de los ciudadanos.
Todo fascina al cinéfilo
impenitente en aquella tarde fría en Lorca. Los diálogos chispeantes e
ingeniosos, la actuación fresca y poco impostada del reparto, el tufillo a cine
casero y poco elaborado, la subversión de los códigos de la rom-com, su agrio y
profundo epílogo. Dani no es el único obnubilado con el nuevo talento indie
yankie. Se crea un run run de comentarios laudatorios esa noche. Él consigue el
resto de la corta filmografía de Smith. Todo el mundo alaba, por encima del
resto, la primeriza “Clerks”. Sin embargo, para el voluntarioso dependiente del
videoclub, “Persiguiendo a Amy” está muy por encima del resto.
Pasan los años y las
décadas y, en un ejercicio de nostalgia que repite con otros clásicos, revisita
esa obra esplendorosa. Las sensaciones de lustros atrás, con el poso que deja
el paso del tiempo y la experiencia adquirida, quedan reforzadas. La
filmografía de Kevin Smith continua produciéndole ese regusto a triste
decepción, a quiero y no puedo, a oportunidad perdida. Un dialoguista
excepcional en busca de una historia. Algo que solo consiguió con “Persiguiendo
a Amy”. El resto de sus comedias parecen una excusa para meter por medio
conversaciones desternillantes y ocurrentes. Historias deslavazadas, hechas con
prisa, muchas veces con poco fuste y sentido, infantiles y absurdas, pero que
permiten meter la morcilla de una diálogo chistoso; siendo la alabada “Clerks”
un claro ejemplo.
Nada de eso vemos en “Persiguiendo a Amy”, sin duda su
incursión, única e irrepetible, en el cine adulto y con fondo. Bien estructurada
y con temas de enjundia como la amistad, las relaciones amorosas, los celos y
las segundas oportunidades, el pasado que siempre vuelve, la incapacidad para
madurar. Y todo ello con los diálogos brillantes y tremendamente graciosos
marca de la casa. “Persiguiendo a Amy” (Chasing
Amy), para mí una de las mejores comedias de la brillante década de los noventa.
por
El Vigía

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