El cine es cultura, Episodio 1x02/ "HAMNET"


La primera vez que leí el nombre “Hamnet”, no conocía la novela de Maggie O’Farrell en la que se basa la película, y no sabía si se trataba de una mala transcripción del apellido del escritor norteamericano Dashiell Hammett (que ya dio lugar a otra película en 1982) o a una especie de alteración del título del celebérrimo drama escrito por William Shakespeare publicado en 1603.  Finalmente, se trata de esto último, y es que Shakespeare concibió “Hamlet”, con “l”, como una especie de homenaje póstumo a su hijo Hamnet, con “n”, que acababa de fallecer a causa de la peste bubónica, a la temprana edad de 11 años.  Pero no nos equivoquemos: “Hamnet” no es ni mucho menos una biografía del llamado “Bardo de Avon”, sino otro tipo de historia en la que la protagonista es su esposa, Anne Hathaway (sí, se llamaba exactamente igual que la actriz de “Los Miserables”, quien algunos dicen que es una reencarnación de aquélla), siendo Shakespeare prácticamente un personaje secundario.  Vamos, algo así como lo que sucediera en “Shakespeare enamorado”, donde quien se llevaba el mérito (y el Oscar) era Viola de Lesseps, la supuesta musa del dramaturgo, encarnada por Gwyneth Paltrow.  Pero volvamos a “Hamnet”, que comienza con una descripción bastante potente de la personalidad de la futura señora Shakespeare, que, por cierto, aquí no se llama Anne sino Agnes y es una joven tildada por muchos de “bruja”, ya que ha heredado las habilidades de su madre para vivir en la Naturaleza y elaborar remedios con plantas.  Agnes conoce a un joven profesor de Latín, William, del que enseguida se queda embarazada y con el que, a pesar de la oposición de las respectivas familias, acaba casándose.  Tras el nacimiento de la primera niña, Susanna, tendrán dos hijos más, los mellizos Judith y Hamnet, que prácticamente criará sola Agnes debido a los continuos viajes de William a Londres, donde escribe y publica sus obras y ha puesto en marcha una compañía teatral.  Así pues, cuando la peste hace acto de presencia, la sufrida esposa tiene que ser quien se enfrente a ella y el insigne literato, eso sí, utilizará el dolor que le ha infligido la tragedia para urdir un maravilloso exorcismo como “Hamlet”, cuyo argumento nada tiene que ver con su hijo pero en el que se realiza un análisis filosófico del dolor y la pérdida.

 

Como he comentado alguna vez, últimamente intento saber lo menos posible sobre la película que voy a ver, y, si viene precedida de muchos premios y críticas entusiastas, la afronto con el mayor de los recelos, para tratar de mantener a raya la decepción.  Los primeros compases de “Hamnet”, simplemente no me gustaron.  Muy hermosa la puesta en escena, pero ni la representación de los personajes ni la música me convencieron.  Además, detecté muchísimos errores de raccord, esto es, cuando un actor está en un plano en una posición diferente a como está en el plano anterior o sucesivo.  Como punto culminante de ese primer acto, una feísima escena de sexo sobre una mesa que me pareció tan desagradable como innecesaria.  Pero más o menos cuando la protagonista da a luz a su primera hija, la extraordinaria interpretación de Jessie Buckley me atrapó, y nada digo de cuando se nos muestra el doble parto que viene minutos después y, especialmente, cuando la muerte del pequeño Hamnet la sume en el más profundo y visceral de los sufrimientos.  Fabulosa.  Se merece el Oscar.  A Buckley la había visto anteriormente en “La hija oscura” o “Men”, pero aquí está realmente espectacular.  En cuanto a Paul Mescal, no es éste ni mucho menos su mejor papel (lo sigue siendo el de “Aftersun”) y, en cualquier caso, aquí quien parte el bacalao es la mujer, y el hombre, por muy ilustre y talentoso que sea, queda relegado a un segundo plano.  No es extraño que tanto la autora de la novela como la directora del film, Chloé Zao, sean ambas mujeres, habiendo dirigido la segunda otra película marcadamente feminista, “Nomadland”, que le valió el premio de la Academia a Frances McDormand.  A ver, a mi que una película sea feminista, o inclusiva, me parece muy bien, y lo que me fastidia es que por ser feminista o inclusiva todo lo demás quede supeditado al mensaje y no importe la calidad intrínseca de la obra.  Pero, afortunadamente, “Hamnet”, en conjunto, me ha parecido bastante buena, y me fue entusiasmando más y más conforme iba avanzando la trama, hasta que desembocó en lo que, para mi, es lo mejor de todo, una representación en directo de “Hamlet” que es lo más parecido a una experiencia inmersiva que te hace sentir el teatro desde dentro.  Sólo por eso ya os recomiendo fervientemente ver la película, aunque no sólo eso merece la pena.  También es verdad que toda ella parece concebida en todas sus facetas cinematográficas para ser susceptible de ganar muchos premios, que, desde luego, serán más merecidos que los que recibieron “Coda”, “Todo a la vez en todas partes” o incluso “Anora”.

por

Luis Campoy


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