El Cine es Cultura, Episodio 1x01/ "28 AÑOS DESPUES: El templo de los huesos"


 

Siete meses después de “28 años después”, llega a los cines su continuación, subtitulada “El templo de los huesos”.  Es de agradecer que se haya reducido el lapso entre ambas, ya que conviene precisar que entre la segunda y la tercera entrega de la saga “28” transcurrieron nada menos que ¡17 años!.  Recordemos que todo había comenzado en 2002, cuando el inclasificable cineasta británico Danny Boyle puso en imágenes un guión redactado por Alex Garland que contaba cómo una mutación del virus de la rabia se extendía imparable por todo el mundo, convirtiendo a los infectados en criaturas de mente simple, tremendamente violentas y sedientas de carne y sangre humanas.  Casi tres décadas después de aquellos sucesos, las cosas no puede decirse que hayan mejorado mucho: los humanos “sanos” se han fortificado en pequeñas comunidades férreamente custodiadas en tanto que los zombies… perdón, los infectados campan a sus anchas por ciudades desiertas y campos interminables, anhelantes los unos de cazar criaturas sin cerebro por puro deleite y los otros de deleitarse devorando los cerebros de los unos y su rica carne aún palpitante.  En la tercera parte, en la que no aparecían los personajes a los que habíamos conocido en las primeras entregas, el nuevo protagonista era Spike, un niño de 12 años que, desencantado ante la doble moral esgrimida por su padre, huía de la aparente seguridad de su comunidad y se internaba junto a su madre en un mundo lleno de amenazas.  Su encuentro con el “mad doctor” Ian Kelson, un médico iluminado que se cubría enteramente de yodo y trataba de encontrar la cura para el virus de la rabia y, entre tanto, vivía rodeado de cráneos y huesos tanto de humanos como de infectados, con los que había erigido un impresionante monumento blanquecino, cambiaba para siempre la visión que Spike tenía de la vida misma.  En la nueva película, descubrimos que Spike ha caído en manos de una autodenominada secta satánica liderada por un pirado que se hace llamar Sir Jimmy Crystal y dice ser hijo del mismísimo Luci… Lucifer para los amigos.  El macabro culto liderado por Jimmy y sus acólitos traba contacto con el doctor Kelson, quien acaba de conseguir aplacar al más gigantesco y violento “alfa” de los infectados, al que llama Sansón, y, por tanto, quizás está a un paso de lograr la ansiada cura para el terrible virus…

 

Al igual que pasó con la segunda parte, en la que delegó en el español de tenue recuerdo Juan Carlos Fresnadillo, Danny Boyle se ha apartado de la dirección de “28 años después. El templo de los huesos” y ha descargado la responsabilidad en la neoyorkina Nia DaCosta, conocida por el remake de “Candyman” y sobre todo por la horrenda “The Marvels”, lo peor de lo peor que haya perpetrado la antaño infalible Marvel Studios.  Eso quiere decir que la dirección de la película es menos alocada y mareante, pero también mucho menos imaginativa.  DaCosta intenta trascender el texto nuevamente escrito por Alex Garland y nos regala la vista con hermosas imágenes de cielos y anocheceres pretendidamente poéticos pero que sólo sirven de preámbulo a algunas de las escenas de violencia más explícitas y repulsivas de toda la saga.  Eso sí, el evidente intento de los responsables de la franquicia de no repetirse hasta la saciedad hace que el punto de vista rote hacia otro tipo de villanos menos primitivos que los infectados, que apenas aparecen en contadísimas ocasiones.  Ahora el mal lo representa un humano como el citado Jimmy Crystal, al que interpreta el actor Jack O’Connell repitiendo el papel similar que ya hiciese en la fabulosa “Los pecadores”.  Se echa mucho de menos el protagonismo de Spike, que aquí es un secundario más, aunque se agradece que se le otorgue mayor presencia en pantalla al impresionante Ralph Fiennes.  Su doctor Kelson que, rapado y recubierto de yodo, sigue recordando muchísimo al mesiánico Coronel Kurtz de Marlon Brando en “Apocalypse Now”, tiene a su cargo las mejores escenas del film, desde las que comparte con Sansón hasta ese momento culminante de la representación “diabólica” de “The Number Of The Beast” de Iron Maiden, uno de esas visiones que se te incrustan en el subconsciente y ya nunca se te olvidan.  El pobre Spike, convertido a su pesar en un “Jimmy” más, comienza la película provocando una sangrienta muerte, que me recordó poderosamente a la del llorado Paquirri, y la termina en compañía de una especie de hermana adoptiva, Jimmima, encarnada por la prometedora Emma Laird.  Entre medias, claras alusiones a “Funny Games”, “La naranja mecánica” y la última cinta estrenada de “El planeta de los simios”, en la que ya se anticipaba un prototipo de civilización tribal como la que los humanos están obligados a deconstruir para sobrevivir.

 

Leo con cierta perplejidad que la acogida que está teniendo “El templo de los huesos” es extraordinaria, y su calificación en páginas especializadas es la más alta de toda la saga.  Francamente, no lo acabo de comprender.  Como exponente de la franquicia, me parece obvio que tanto la primera “28 días después” como su predecesora directa “28 años después” están claramente por encima, y ni siquiera juzgándola como mera película de terror me parece muy superior a la media.  Será que al público de hoy en día le gustan los muertos vivientes menos que al de antaño, y será que están más de moda los psicópatas controladores que los zombies descontrolados…

por

Luis Campoy

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